martes, 19 de agosto de 2014

UN SUEÑO HECHO REALIDAD

Hola a todos.
En este fragmento que hoy os traigo de Un sueño hecho realidad, Daniel se encuentra con un yogui que parece saber muchas cosas de él.
¡Vamos a ver lo que pasa!

                                    Era la primera vez que Daniel veía a un yogui de cerca. La primera vez que oyó hablar de ellos fue en un reportaje que vio por la tele. Posiblemente, fue una noche de sábado, cuando sus padres se quedaron a ver Informe Semanal y él se estaba preparando para salir.
                                    Daniel había salido a dar un paseo aquella tarde. Sus pasos lo llevaron hasta una loma llena de árboles. En realidad, necesitaba alejarse de la villa de los Birkhust. La Tacañona estaba amenazando con volverle loco. Tanto ella como Kanvar como los demás criados estaban convencidos de que él era Freddie Birkhust. En realidad, Daniel tenía la sensación de que Kanvar había adivinado que él no era realmente Freddie Birkhust.
-Andas perdido-le dijo una voz a Daniel.
                                    Le estaba hablando en un inglés que se notaba que era aprendido. Daniel se detuvo al escuchar aquella voz. De pronto, se dio cuenta de que no estaba solo en aquella loma.
                                    Estuvo a punto de gritar cuando aquel hombre le abordó. El hombre se sentó en el suelo.
-¿Quién coño eres tú?-le preguntó Daniel en su también aprendido inglés.
                                    El hombre cruzó las piernas.
-No eres de aquí-respondió-Vienes de muy lejos. Quieres regresar a tu casa.
                                   Daniel se le quedó mirando fijamente. Lanzó un grito de júbilo. Tuvo la sensación de que, por fin, alguien le creía. Siempre se había dicho que los yoguis eran hombres sabios. Daniel creía que debían de tener algún poder sobrenatural. Aquel hombre le ayudaría a regresar a su tiempo. Al lugar de donde había venido.
                                 Le calculó que tendría unos sesenta años. Su cabello era largo hasta los hombros y era canoso. Pero había sido de color negro una vez. Su tez era morena.
-Yo lo único que deseo es volver al lugar de donde procedo-le explicó Daniel-Yo no tendría que estar aquí. ¡Todo lo que ha pasado es un completo disparate!
                                 El hombre le cogió las manos al muchacho.
-¿En serio quieres regresar a ese lugar?-le interrogó.
                                 Sus ojos tenían una mirada profunda y penetrante. Daniel tuvo la sensación de que le estaba leyendo la mente. Y se envaró.
                                Aquel hombre era alto. Debía de medir lo mismo que medía él. Y estaba muy delgado.
                                Daniel quería regresar al lugar de donde venía. Pero sabía que, al hacerlo, tendría que dejar en Piedade a Estelle. Al pensar en Estelle, el pensamiento de Daniel flaqueó. El yogui se percató de que algo había cambiado en Daniel. Había acertado cuando vio a aquel chico. No era de allí. Pero tampoco quería irse de allí.
                                Podía adivinar el porqué no quería irse de allí. La causa era una mujer. Muchas de las acciones que cometían los hombres tenían su origen en lo mismo. El amor...Una mujer...
-Ella no pertenece a tu mundo-afirmó el yogui-Tú no eres de este lugar. Y ella sí pertenece a este lugar.
-¿Qué es lo que quieres decir, tío?-se impacientó Daniel.
-No quieres irte por esa muchacha. Es la que te retiene aquí. ¿Aún no te has dado cuenta? Has cumplido lo que el Destino ha escrito para ti.
                             Daniel sintió que todo le daba vueltas. Pensó que el yogui tenía que estar bromeando.
-¿Qué coño estás diciendo?-casi gritó.
-Los dioses escriben nuestros Destinos desde el momento en el que nacemos-contestó el yogui.
-¡He sido absorbido por un puto libro! ¿Eso es lo que han escrito para mí?
-No es sólo eso. Es tu Destino, muchacho. Ya no perteneces al lugar de donde procedes. Ahora, perteneces aquí. Ya está hecho.
                            El yogui soltó la mano de Daniel.
                            Se puso de pie. Se dio la vuelta. Y se marchó con paso lento y cansado. Daniel estaba demasiado aturdido como para reaccionar. Lo único que había entendido era que el yogui le había dicho que su Destino se había cumplido. ¿Acaso su única misión en la vida era terminar dentro de un libro?
                            ¿Dentro de un libro? ¡Piedade no se mencionaba para nada en Olivia y Jai!
                            Los ladridos de un perro le sacaron de su estado de estupor.
-¡Clementine!-oyó gritar a Estelle-¡Vamos, no seas mala! ¡Ven aquí! ¡Clementine!
                             El corazón de Daniel dio un vuelco. Estelle...Su Destino era conocerla. Estelle era su Destino. El pensamiento le golpeó con fuerza.
                              Todo le había llevado hasta ella.



-Freddie...-dijo Estelle cuando le vio.
                          Clementine se colocó frente a Daniel. Empezó a ladrarle con entusiasmo.
-¿Qué estás haciendo aquí?-quiso saber Estelle.
                             Daniel no contestó. La miró con expresión maravillada. Tenía la sensación de que nunca volvería al lugar de donde procedía. Y sabía Dios lo que pensarían sus colegas al no tener noticias suyas.
                            Allí estaba ella. Llevaba toda su vida soñando con Estelle. Ésa era la realidad. Cuando estaba con Alejandra. Cuando estaba con Ana. Pero Estelle siempre se había interpuesto entre aquellas dos relaciones. No sabía cómo definir los sentimientos que se agolparon dentro de su pecho. Dolor porque no volvería a ver nunca más a sus amigos. Alegría...Miedo...
                               Acunó entre sus manos el rostro de Estelle.
                               Y sus labios se apoderaron casi con avaricia de los labios de ella.

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